miércoles, 27 de julio de 2011

Quiromanías

© Alex Usquiano

Cuando me presentaron a Carol, nos dimos la mano amistosamente. Ahora todo es una guerra. Ya no puedo escribir; por más que suplico o amenazo, no hay manera con estas dos manos torpes. A Carol no le irá mejor, su mano y la mía peleadas por hacerlo todo. Tendré que llamarla y quedar para devolvérnoslas. Podría haberme dicho que era zurda.



martes, 26 de julio de 2011

Ego noster

"Cracked face", Josh Sommers


Naúfrago de domingo, sin afeitar, sillón y pijama, la televisión un mar de fondo en mi cerebro de pelusas. Con la orilla de la mirada blanda, siento aparecer la primera grieta cerca del techo, un relámpago fino y negro que se queda congelado, en un silencio humilde. Pronto la siguen otras y no siento miedo. Admiro su plasticidad de hiedras huecas que quiebran el arabesco, dibujan los seis lienzos del salón, se acercan a lamerme los pies, reptan por mis piernas, me abren el estómago y el pecho, resquebrajan mi cara, se introducen en mi mente y me fragmentan el yo en docenas de nosotros. Con delicia, descubrimos que no se está mal así, en esta suerte de libertad que nos han traído las grietas. Bailamos y celebramos toda la noche, procuramos no pensar en lo que sin embargo sabemos: a la mañana, ellas nos dejarán y volveremos a ser yo. Me levantaré, me afeitaré y me iré a trabajar con una resaca descomunal que no acertaré a explicarme y la vaga sensación de que me he perdido algo. Y nosotros ya no podremos recordármelo.



jueves, 30 de junio de 2011

Tempus fugit

Malen Lecuona, 2011
© Malen Lecuona, 2011


Toda pulga considera una certeza que uno más uno es más de dos. Así se lo demuestran las leyes reproductivas y las decenas de huevos resultantes de tal suma. Por eso, ni siquiera las más instruidas suelen plantearse elaborar una contratesis matemática que refute tal creencia. Alguna lo ha intentado a lo largo de la Historia, una que otra pulga iluminada que, sin embargo, no contó con que luego vendrían los retrasos de imprenta, los problemas con la editorial, los típicos desastres que hacen que las innovadoras de buena fe se dejen sus tres meses de vida en el frustrante empeño de intentar divulgar sus ideas.



lunes, 14 de diciembre de 2009

Final para un final



Detrás de la espuma



miércoles, 10 de junio de 2009

Cada día


Un hombre viaja cada día en tren desde su casita en el extrarradio hasta la capital, al trabajo. En un punto concreto del trayecto, levanta siempre la cabeza del diario y mira por la ventanilla. Allí está, en medio de un campo aledaño a la vía, rodeada de verde y amapolas, cada mañana, una niña vestida con el uniforme escolar y dos lazos celestes sujetando unas simpáticas coletas. Cuando escucha el tren, la niña deja su mochilita sobre la hierba, abre los brazos y empieza a balancearse hacia los lados como un avión, como, tal vez, un espantapájaros que quisiera saludar al tren y no pudiera. El hombre siempre le devuelve el saludo aun consciente de que ella no lo ve. Es feliz en ese instante, la aparición de la niña es para él como un buen augurio con el que comenzar la jornada.

Todo cambia el día en que el hombre deja que su pensamiento lo traicione. Se plantea la posibilidad de que algún día mirará por la ventanilla y la niña no estará allí. ¡Qué terrible! Tan terrible que, desde entonces, cuando el tren se aproxima al campo de amapolas, hunde más sus ojos en el diario, se prohibe mirar afuera para poder imaginar que la niña sigue ahí, que siempre estará ahí, que el tren la deja atrás una vez más con sus bracitos abiertos al cielo y que no sea al revés, que ella lo haya dejado atrás a él, que se haya quitado los lazos de las coletas y haya seguido su camino, los brazos sabiendo ya volar.


martes, 26 de mayo de 2009

Precipitación

'Free fall - Water', Earl McCall
Voló con pericia varias veces alrededor de la catarata que caía a pico sobre el níveo paisaje de la hondonada. El lago era al fondo un fervor rugiente. Entonces la catarata se movió, la alcanzó de lleno y la mando directa a lo profundo. El travieso dios, no conforme con ello, tiró de la cadena.


lunes, 25 de mayo de 2009

Filósofo en zapatillas


Se quedó mirando la suela de la pantufla, los restos lechosos mezclados con el caparazón reventado de la cucaracha que había sorprendido en la cocina. Notó un amago de arcada en la garganta, pero peor, se dijo, habría sido que Gloria se la hubiese encontrado por ahí. Limpió la suela con una servilleta y, con tal mortaja, dio sepultura al espachurrado dictióptero en el cubo de la basura. Luego llenó un vaso de agua, lo bebió y se volvió a la cama, pensando en que, si los hombres fuéramos cucarachas, no habría tantas guerras sólo del asco de matarnos. "¿Viste? La sangre es otra cosa". Se sonrió de su ocurrencia, abrazó tiernamente a su esposa y se durmió.


viernes, 10 de abril de 2009

La esquina


Temprano en la mañana, un hombre camina por la calle. Va pensando en lo que le gusta pasear a esas horas en que la ciudad todavía duerme y se prepara para la batalla diaria. Sus meditaciones se diluyen ante la vistosa realidad de una mujer escultural que camina hacia él. Sorpresivamente, ella se detiene y le da dos besos. Con el segundo, los carnosos labios se acercan a su oído y le susurran: “Cuidado con la esquina”. Luego, continúa su marcha. El hombre no sabe reaccionar, se queda allí quieto, acunado en el vaivén de aquellas caderas que se alejan. Al final piensa que una loca, preciosa pero loca, y sigue caminando. Unos segundos después, un ejecutivo apresurado le golpea dolorosamente una pierna con el maletín al adelantarlo. Un amago de imprecación se le aborta en la lengua porque ya el trajeado ha doblado la esquina de la manzana. La esquina... Apenas la asociación mental empieza a estructurarse en su cerebro cuando escucha un alarido. Un maletín —el maletín— sale volando por la esquina y se despanzurra contra el asfalto enseñando sus tripas de documentos y emparedado de jamón y queso. El hombre se queda frío. En un primer momento, piensa en ir al socorro de aquella persona pero recuerda la advertencia de la chica y le entra el miedo. Duda. Lo sobresalta entonces una ráfaga de disparos y se pega a la pared. Del otro lado de la esquina le llega el sonido de chirridos de neumáticos, gritos, más disparos. El edificio entero tiembla cuando se produce una gran explosión y un resplandor de lenguas de fuego aparece hasta lamer el sándwich del maletín. Justo después, nada. El silencio absoluto. Tanto que el hombre puede escuchar sus propios latidos. Ninguna masa despavorida surge huyendo, no se oyen sirenas ni helicópteros. Nada. Tras unos minutos, reúne el coraje suficiente para asomar la nariz por la esquina. Lo primero que ve es un perro escarbando en un cubo de basura al otro lado de la calle. Pasa por ella un coche. Luego otro. Se decide a doblar completamente la esquina y lo que se encuentra es una normalidad total. Transeúntes y coches, el quiosquero abriendo su puesto, la dependienta barriendo la entrada de la mercería. No da crédito. De locos, piensa, locos como la mujer hermosa. Vuelve sobre sus pasos, dobla la esquina y se detiene. Alguien se ha llevado el maletín. Otra vez dobla la esquina y mira. Todo normal. Una sonrisilla nerviosa aflora en su boca. Decide regresar a la seguridad de su casa —allí donde lo normal no es raro—, serenarse y buscar una explicación. Yendo se cruza con una señora mayor que pasea una bola blanca peluda del tipo perro. No sabiendo muy bien por qué, le da dos besos y le dice que tenga cuidado con la esquina. De repente se siente feliz, con una satisfacción parecida a cuando ayudas a cruzar un paso de peatones a un ciego. Sigue su camino, se va silbando, las manos en los bolsillos, loco de normalidad.


jueves, 19 de marzo de 2009

Citrosis

'Mi media naranja', Javier Camacho

Ella era su media naranja. Él era su media naranja. Se conocieron en un ascensor. Hablaron del tiempo y de lo caras que estaban las nueces en esa época. ¡Nueces, pobres tontos! Ni modo de sacarles el jugo. Tan fundamental mirarse para reconocer las atracciones cítricas... Pero el protocolo ascensoril anatemiza las miradas, sólo si se estropease podrían. Si funciona, no funciona. Si ascensor, no atracción. Ella se quedó en el quinto y se puso a ver una reposición de "Pretty Woman". Él bajó en el octavo para su cita con una media manzana ocasional. Un leve olor a azahar permaneció flotando unos segundos en el ascensor. Apenas eso y la amargura de un cupido por la ocasión fallida. No de naranja, se entienda, amargura de verde limón.


lunes, 23 de febrero de 2009

Retorno al uno primigenio



A Samanta Garrido

Porque hay miradas que hablan
he aprendido a escuchar con los ojos,
porque hay gestos que acarician
mi piel en su tacto es seducida,
porque hay bocas que devoran las distancias
esos labios en mis labios se tatúan.
El tiempo ablanda sus agujas
y la espera es llevadera en su consuelo.

Un misterio,
gemelar conjunción de las almas,
telepática sintonía deconstruyendo el espacio
con el periférico palpitar de una sonrisa.

Caídos del mundo, así vivimos,
más allá del último atisbo de cordura,
abocados a la cierta convergencia
donde el uno separado vuelva al uno.

jueves, 19 de febrero de 2009

De locos


Un niño se coló por una ventana chica en el edificio donde su mamá le había dicho que vivían los locos. Vio en una sala a varios señores mirando tele, el infinito o jugando rompecabezas. Les dijo hola y unos empezaron a reír, otros a saltar y alguno a palmotear las paredes. Uno lo tomó de la mano y en un abrir y cerrar de ojos otros se unieron y empezaron a jugar al corro de la patata. Luego les quiso enseñar piedra, papel, tijera y fue divertido, porque algunos sacaban a la segunda y otros ponían siempre piedra. Un señor era increíble, le hacía cosquillas y le pellizcaba y nada, imitaba la mar de bien a una estatua. Entonces al niño le apeteció cantar y varios aullaron muy gracioso a su ritmo.

En ese momento un celador, malhumorado de haber sido despertado de su siesta, entró impetuosamente en la sala. El niño pensó “¡Huy, un loco!”, y se fue a esconder detrás de uno de sus nuevos amigos.


jueves, 6 de noviembre de 2008

Poética de los comunes



Las algodonosas cruzan el azul e inmenso
y entre los frondosos se enamoran los cantores,
se engalanan coquetos los verdes de olorosas,
se acicala el rumoroso con sus cristalinas.

Sumergido en este primaveral te recuerdo
y añoro tus delicadas acariciándome,
perderme por tus profundos que me contemplaban
como si pudiéramos detener al eterno.

Mi atormentado no puede echarte más de menos,
se quedó encogido y olvidó cómo se late.


lunes, 27 de octubre de 2008

Cuarto menguante



Ella escucha,
lanza los perros contra el silencio.
Vuelven sin rabo,
con la resignada humillación
de los héroes sin batalla.

Ella fuma,
desdibuja con los dedos
la procesión volátil,
las sombras de sus ojos
quisieran ser tan danzarinas.

Ella recuerda,
aun sabiendo que es más lo que ha olvidado.
Emborronada memoria,
pasado acribillado de tachones,
mal menor que la página en blanco.

Ella espera,
la esperanza hecha remiendos,
el corazón en punto muerto,
el nombre-hombre todavía entre los labios,
entregada al sosegado consuelo
de alimentar con posibles
alguna lágrima de secano.


sábado, 25 de octubre de 2008

Mismamente

'Le El' Simon Schubert, 2005
En media hora se despierta, se levanta de la cama, se va a la cocina, se toma un café y dos bollos, se va al baño, se quita el pijama, se ducha, se afeita, se estruja una espinilla, se peina, se echa desodorante, se pone el albornoz, se vuelve a la habitación, se quita el albornoz, se viste y se calza, se dirige a la puerta, se echa un último vistazo en el espejo del recibidor, se ajusta la corbata, se marcha.

En la calle, cuando se dé cuenta de que una vez más se ha olvidado las llaves dentro de casa, se maldecirá fuera de sí a sí mismo y se volverá a recriminar el actuar siempre de forma tan irreflexiva.


Deseos (esbozos de minificción)


El de un ciego que anhela ver para dejar de escuchar lo ruidoso que es el silencio.

El de un ignorante que quiere ser escritor para dejar de ser ignorante, lo cual demuestra lo ignorante que es.

El de un creyente que reza a un dios que no es el suyo para que hable con su dios pidiéndole que escuche sus plegarias.

El de un niño que quiere ser mayor pero no viejo. Menos de veinticinco años, calcula.

El de una mujer que no quiere encontrar a un príncipe azul, sino a un hombre al que poder convertir en su príncipe azul.

El de un hombre que busca una mujer que no quiera convertirlo en su príncipe azul.

El de una Bella Durmiente que, después de un año de casados, querría volver a dormirse para no tener que aguantar más al Príncipe Azul.

El de un dromedario que aspira a ser camello por pura avaricia.

El de un poema con nombre de mujer al que le gustaría que los demás poemas dejasen de poner en duda su masculinidad.

El de un genio que desea encontrar un genio que lo libere para siempre de su lámpara.

El de un pintor que despinta sus cuadros en busca de la pureza.

El de un narcisista que quisiera ser otro para poder alabarse a gusto.

El de un soldado que querría que el enemigo falleciese de muerte natural.

El de un gigoló que desearía desear.

El de el Sol que, cuando se encuentra con su amada Luna, quisiera que no lo eclipsase.

El de un amor no correspondido que busca otro amor no correspondido para corresponderse, así sea siquiera por correspondencia o vía e-mail.

El de Dios que quisiera ser hombre para poder morir y conocer el Infierno.

El de un libro que preferiría dejarse de historias y pasar página.


jueves, 23 de octubre de 2008

Circus interruptus


La tensión se palpa en el ambiente cuando el hombre empieza a caminar sobre la cuerda floja. De repente, la tensión se apodera de la cuerda. El equilibrista sale despedido, atraviesa la carpa y se pierde en la infinitud. La cuerda saluda con un giro de comba infantil y agradece su colaboración al público, que se parte las manos a aplaudir.


miércoles, 22 de octubre de 2008

Resueños


Un hombre sueña que sueña que sueña que sueña que está soñando. Al rato sueña que sueña que sueña que sueña que se despierta. Luego sueña que sueña que sueña que se despierta del sueño en que se despierta. Y también que, mientras se levanta remolón de la cama, se queja de lo tarde que va a llegar hoy al trabajo, cuando al fin logre despertarse.


martes, 21 de octubre de 2008

La verdadera historia del cántaro y la fuente


De tanto ir el cántaro a la fuente, acabaron por enamorarse. Cada día, el cántaro más se llenaba de amor y, por consiguiente, menos de agua. Su dueña, harta de tanto viaje para llevar a casa la misma agua que antes en un ir y venir trasegaba, terminó por montar en cólera y estrelló el cántaro contra un muro.

De las potables lágrimas de la enamorada nacería una oda hermosísima y triste que aún cantan cada mañana las fuentes de todo el país, para solaz de sus habitantes. Sólo las personas, que tan poco tiempo tienen para escuchar a las fuentes, han olvidado esta historia. Apenas conservan de ella la expresión “amor destrozado” y un refrán, siempre más práctico de usar según conveniencia.


miércoles, 15 de octubre de 2008

Principio y final de una odisea


Recién partido de Ítaca, Odiseo rezó a Poseidón:

—Protégeme y guárdame, buen dios.

Así lo hizo Poseidón mandándolo al fondo del mar, a buen recaudo. Y Penélope espera que te espera, enredada por Homero.