viernes, 29 de febrero de 2008
jueves, 28 de febrero de 2008
Noche sin día

El periódico anunciaba un eclipse total de luna esa misma noche. Tomó el auto y se fue hasta el lago. Cuando llegó, las bestias ya dormían su temor en la negrura de un rumor inquieto. Entró en su cabaña de caza, cerró la puerta, bajó persianas, cubrió con trapos las rendijas. Vació entonces el armario de ropas y aparejos. Se metió dentro. Con fuerza, apretó los párpados y se puso las manos sobre ellos. Estuvo así unos minutos. A sus oídos llegaron crujidos de madera vieja. Pudo oler la humedad musgosa y abrió la boca para paladear el rancio sabor a polvo.
—Así que es esto —se dijo.
Introdujo su mano en el bolsillo y sintió en las yemas el tacto agrio del papel con el diagnóstico: “Retinitis pigmentosa en fase avanzada, de seis a ocho meses hasta amaurosis”.
Junto al término médico, entre los paréntesis que iban a encerrar el resto de su vida, figuraban dos palabras: “ceguera total”.
Amada

Te hacía de diez o doce gestos cada día. Aquí dentro te cambiaba en forma, te derribaba y construía con velos de color y falsos negros. Clavaba mis uñas en tu barro y tornabas aire que ríe, ritornelo ya escuchado que enmarcaba los modos en que te pensaba, en que soñaba que fueses. Forjaba tu no existiendo de retazos vivos en lienzos imperfectos. De diez, de doce a veces, desconocidas incompletas. Eras la ceja elevada tomando a sorbos el café que quema, la arruga alegre del ojo que sonreía a alguien que no era yo, que no quise nunca ser yo. Reinventaba tu figura en seda y se me hacía áspero el intento. Decía hacerte algodón y me recordabas que hay las nubes. Rebelde. Huidiza. Siempre un paso por delante y no te hallaba. Lo sabías y te divertía.
Más de una vez, mucho más de muchas veces te acuchillé desesperado, volatilicé mis anhelos en virutas diminutas con la esperanza de destruirte y poder no buscarte. Y entonces iba por las calles mirando el cielo por no ver a ras de suelo, con miedo de empezar a dibujarte de nuevo, aterrado de encontrarte inacabada en otro gesto fugaz.
Ahora ya no me perturbas, maldita amada. Sé que tu esencia es el sueño, no te quiero real, detestaría el tocarte. Eres completa al fin, humo y viento.
miércoles, 27 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
Hambre de tu boca

De tus labios, de tu risa,
de tu lengua, de tus dientes,
del deseo que palpita,
del secreto de quererte.
De tus labios horneados
beso a beso y frente a frente,
que alimentan y envenenan
por ser vida y siendo muerte.
De tu risa porque es arma
que tan blandamente hiere.
¿Qué es amar si no rendirse,
cobarde de no tenerte?
De tu lengua por lasciva,
carnal y húmeda serpiente,
oasis que nunca sacia
la sed de querer beberte.
De tus dientes, batallón
que por el blanco florece.
Tan de niña si sonríen,
tan de mujer cuando muerden.
Del deseo que palpita
moroso de que me beses,
aliento que cura tanto,
que tanto cura que duele.
Del secreto, niña mía,
que atesoro de quererte,
pues si es pecado tu boca
ya me tarda ser hereje.
Hambre de ti, hambre, hambre,
hambre de labios y dientes,
hambre de lengua y de risa,
hombre que por hambre muere.
lunes, 25 de febrero de 2008
Donde el desconcierto, la ocasión

La final. Último segundo. Lanzamiento a la desesperada. El balón toca el aro, el tablero, vuelve para recorrer la circunferencia soñada. Una, dos, tres vueltas. Si dentro, unos reirán y llorarán los que si fuera reirán. La tensión apelmaza el aire y diluye el parqué, las gradas, los jugadores. Sólo una esfera que rodea un círculo vacío.
La pelota, de súbito, estalla en mil pedazos atronando el pabellón. Unos caen dentro y otros fuera. Las asistencias atienden los infartos. Los guardias de seguridad acordonan la canasta. Tras varias consultas, se procede al recuento. Un físico experto en dinámica de entre el público se ofrece voluntario para los fragmentos dudosos. En su bolsillo, late una pistola.
viernes, 22 de febrero de 2008
Compañero de viaje

“Hasta que la muerte nos separe”, se habían dicho. Y fue lo que sucedió, una semana apenas desde tan sinceras palabras. El acaecimiento, repentino y en circunstancias demasiado absurdas para ser contadas, dejó a doña Lourdes con un amor de poco estreno. Desde entonces lo lleva colgado al cuello, junto a la medallita de san Fidel que heredara de su abuela.
Dice doña Lourdes que es un amor sin demasiados caprichos, bien educado. Sólo a veces, cuando la lluvia se escurre por los ventanales de la galería, él se le aprieta al pecho, se queja y llora como un niño, y entonces doña Lourdes lo toma en brazos y le canta zarzuelas de cuando iba de novios con su Fermín al teatro Fantasio.
Las tardes de sol, lo lleva a pasear hasta el arenal de la Compostela. Allí van por la orilla, cogidos de la mano, recordando episodios del hombre que cincuenta años no han sabido o no han querido borrar.
Doña Lourdes nunca ha llevado luto. ¿Para qué? Si tiene a su amor que la hace tan feliz.
Radiografía de un beso

Un beso es
la vibración del alma entre los labios,
la cocina del amor,
un sol que nace y muere en busca de su luna.
Es, también, un beso
el milagro de hacer carne el sentimiento,
es un choque de universos
que se funden.
Fuerza vital
capaz de detener el tiempo,
adrenalina enjaulada
en la arista de un cubo.
Dulce, dulce, dulce el beso,
vuelo terrestre de un ángel,
eclipse de la cordura,
comprimido silencio.
Besar es pues el relámpago
que estremece los cuerpos,
una muerte pactada
de la que volver viviendo.
Y luego,
tan sólo luego…
llega el suspiro.
jueves, 21 de febrero de 2008
Pas vrai, mon gars?

Perspectivas relativas

miércoles, 20 de febrero de 2008
Ciclos

Del llanto amargo al lloro ledo, de la inquina al amor. Salto... Boto y reboto. No acabo en tejer cadarzo huidizo y desmadejo. Sin brújula, sin cadencia, a compás quebrado. Achico la piel y me reduzco. Olvido achicar también mis órganos: exploto. Como uva en prensa, rompo hollejo, me hago lirio y amapola.
Aire: eludo el cerco y me elevo
Nube: me sosiego
Agua: resbalo y caigo
Tierra: me entierro
Carrusel de emociones sincopado que pasa de anhelo a insidia, y de insidia a alboroto, y de alboroto a dolor.
Abajo: arriba es ignorancia
Arriba: abajo es demorarse
Una chispa enciende el negro en mil colores y me dejo llevar en el remolino irisado.
Paladeo la pasión y la vida
En el ímpetu del giro surge el blanco: níveo hasta que duele. Cierro entonces los ojos lacerados y el negro vuelve.
Paladeo el rencor y la muerte
Recorro la bobina vital, adaptando el espíritu al tempo variable, al compás truncado de esta sinfonía acarpa y profana. Y a cada golpe de biela, voy guardando el impasse en la memoria, pues de estas suspensiones disonantes que alteran el sentido del trayecto emocional, substancia el hombre sus recuerdos. Con cada ciclo, el tiempo estoico teje un círculo mayor: mi existencia. Y aguarda paciente, sabedor de que llegará el día en que, con precisión virtuosa, hará ritornelo entre el vagido primitivo y el estertor final.
Círculo cerrado. Así sea
martes, 19 de febrero de 2008
Influjo lunar
Reanunciación

Mary, a falta de clientes, se refugia en un portal porque llueve. Hay un plof, un chas y aparece un joven en paños menores colgado de sus alas.
—Dios te salve, María.
—¡Ups!, ¿llena soy de gracia?
—Pues... sí.
—¡Mira qué majo! ¿Y tú quién eres?
—Soy San Felipe Arcángel.
—...
—Sí, bueno, de la nueva hornada.
—Ya. Y en nombre del Señor quieres hacértelo conmigo.
—Yo no. El Espíritu Santo.
—Zoofilia...
—Er... No, Santísima Trinidad.
—Pues con tres os va a salir por un pico. Los condones aparte.
—Esto... Creo que no lo entiendes. Me refiero al misterio de la Encarnación.
—Mª Encarnación Otero, para servirle. Pero mejor Mary, que estoy trabajando.
—Que no... Que te digo que vas a ser madre del segundo Hijo de Dios.
—¿Yo? ¡Ja! Lo que me faltaba. Estoy como para cuidar de un churumbel.
—Bueno, bueno, yo sólo te lo anuncio. Con que me firmes aquí abajo conforme que has recibido el mensaje, a mí me vale.
—Uf... Anda, dame. ¿Aquí? ¡Hala, ya está! Y viento, que ha parado de llover y me espantas la clientela.
El arcángel se esfuma. De vuelta, por la autopista hacia el Cielo donación de Michael Landon S.A., medita en cómo han cambiado los tiempos:
“Ni modales, ni dulzura, ni virgen, ni nada. Perro mundo, falta hace el nuevo Salvador.”
lunes, 18 de febrero de 2008
Esperando al niño de la bufanda dorada

Veo cómo se acerca el principito entre la bandada de pájaros silvestres.
—Buen día —me dice al llegar—. ¿Vives solo aquí?
Sonrío...
Le ofrezco una silla y contemplamos en silencio la puesta de sol. En mi pequeño planeta, basta con moverse unos metros para ver tantos crepúsculos como uno quiera, así que pasamos un buen rato dedicados a nuestra distracción preferida. Al final él, que nunca olvida una pregunta después de formulada, acaba por repetir:
—¿Vives solo aquí?
Yo afirmo con la cabeza. Quisiera contarle que el cordero se comerá su flor, que él se pondrá tan triste que olvidará deshollinar los volcanes y que uno de ellos matará al borreguito. Que la soledad lo hará una persona grande y llorará mucho deseando retroceder en el tiempo, tanto que así pasará. Pero al volver atrás allí estará el niño que había sido, y tendrá que venirse a este planeta para que no lo vea. He aguardado desde entonces a que el ciclo se cumpla y quedar libre de toda obligación con el destino.
Se levanta para marcharse. Yo le ruego que guarde en secreto nuestro encuentro. También que le pida, al hombre que dibujará el bozal para el cordero, que pinte la correa para sujetarlo a la boca. En mi tristeza esto último le digo, aunque sé que no lo hará.
Sus rizos de oro se pierden ya como una estrella que se aleja y no puedo más que recordar lo que ahora piensa: ¡Qué extrañas son las personas grandes!
sábado, 16 de febrero de 2008
Santos Vega

Y allá a lo lejos se ve, contra el tajo del horizonte, la sombra del payador a lomos de su caballo. Ya no entona sus endechas de cielos y vidalitas, triste anda las pampas, vencido. Juan Sin Ropa le ganó la vida en una payada de contrapunto.
—Más sabía mi guitarra —dice Santos al sol que va cayéndole a un lado—. Ella vio que era el Supay, compadre, y claro, se me destempló del miedo.
Íntimas paradojas desconsoladas

Paradoja Primera: Soy esclavo de mis ansias de libertad
Se hace angustia el músculo
en la cárcel de mis costillas.
Rompe en latido lacerado
mil costuras remendadas,
sangrando sus callosidades,
presa de un grito desolado, asolado
ya en yermo erial
de élitros y escamas resecas.
Paradoja Segunda: Me siento viejo al recordar mi niñez
Palpitan obscenos los recuerdos,
una lejanía de colores,
de formas gigantescas,
de espacios abiertos,
de risas,
de juegos.
Pasado engullido en el transcurrir,
devorado en el vivir,
agrietado,
encogido en la parodia esperpéntica de un sueño.
Paradoja tercera y última: A veces, simulo ser yo
Me sincero en la intimidad del delirio;
capto entonces la esencia y el ego se me asusta.
Mantengo un segundo la mirada,
a riesgo de desintegrarme,
de acuchillar el espejo en mi soberbia.
Huye rauda la conciencia,
trepa en desbandada,
temerosa de la oscuridad de la nada,
la nada que es el todo real.
La mentira es llevadera.
Sí, me calma esta mentira llevadera.
Uriel Arcángel (o de eufemismos bíblicos)

viernes, 15 de febrero de 2008
Aconteceres lingüísticos

Soneto elemental

jueves, 14 de febrero de 2008
Sorpresa tras sorpresa

El turbado pescador volvió a echar el anzuelo mirando de reojo al armadillo, que se había acurrucado dentro de la cesta. Esta vez, el tirón fue terrible. Imaginó la foto junto a tremendo bagre, a los del Club de Pesca con la admiración en los ojos y la envidia en las tripas. Pero no, un bagre no era aquel querubín renacentista que surgió enganchado de un ala. No daba crédito. Miró hacia el cielo con temor, pero ningún rayo justiciero bajó para atomizarlo.
El ansioso pescador lanzó por tercera vez. Su mirada alternaba entre el hilo, el angelito que enfurruñado sacudía las alas para secarlas y el armadillo, que había empezado a roncar sonoramente. No tardó en agitarse con ímpetu la caña. Entusiasmado, tiró y soltó, apeló a toda su destreza para vencer al río. ¿Qué iba a ser esta vez? ¿Una sirena, un unicornio? ¿Dios?
Tras media hora de lucha, la presa llegó a la orilla. El ángel aplaudió con regocijo despertando al armadillo, que se acercó a olisquear.
—No hay duda —dijo el pescador rascándose la cabeza—. Es un bagre.
miércoles, 13 de febrero de 2008
Adiós al hombre, adiós

Adiós al hombre, adiós,
en este mundo de animales,
sufra el hombre por el hombre,
de su mano muera, traicionado.
Fango de codicia, el alma humana,
lodo de gusanos y cenizas,
océano de estupidez,
libre albedrío mancillado.
Autófago canibalismo,
que ojo por ojo siembra
un reino de ciegos.
Los dioses han de lamentarse
del tiempo perdido.
¡Oh, triste religión de la estulticia!
¿No veis el suicidio colectivo?
¿Acaso es nada ser hermanos?
¿No os turba el silencio de los idos?
“Murió el poeta”, dijeron
mientras escondían sus manos,
ensangrentadas de amor
que se escurrió hasta la tierra.
Nadie queda ya que se pregunte:
¿Quién vivirá para enterrar
al último muerto?
martes, 12 de febrero de 2008
La marea

lunes, 11 de febrero de 2008
Pasión fosfórica

En el monte

viernes, 8 de febrero de 2008
Hasta el fondo

–Hasta aquí llegamos.
Cajas chinas

miércoles, 6 de febrero de 2008
La burla burlada

Entramos entonces en el nudo, con la felicidad inicial de los humanos al encontrar en su par a alguien que los entiende y tiene sus mismos gustos. Luego prosigue con la desidia que el tiempo va anidando en los corazones de originales y clonados, agotados de la monotonía de sentimientos tan parejos. Surgen disputas también al ansiar tener las mismas propiedades. Una de ellas, la de la relación hombre-mujer, no tarda en solucionarse pues, habiendo dos de cada uno, bien que mal acuerdan cómo repartirse.
El desenlace, extraña excepción en tragedia griega como pudiera parecer ésta, va a resultar de lo más dichoso y enternecedor. Acaban por ir naciendo los retoños que, para frustración de los maliciosos dioses, los humillan con su absoluta singularidad de carácter.
Mientras baja el telón, en una esquina, se ríe Cloto, la Hilandera de la vida.
martes, 5 de febrero de 2008
El ocaso de un amor

Hielo en tu mirada

No es lo mismo
rasgar el cristal
con la carne viva de las uñas
que con una mirada.
Una mirada como esta
que tus ojos me dedican
quirúrgicamente.
Más me duele así.
lunes, 4 de febrero de 2008
Locas guerras

sábado, 2 de febrero de 2008
Inconveniencia

Estimada Sra. Villanueva:
Roberto y yo quisiéramos invitarles a usted y su marido a la fiesta de compromiso de nuestra hija Lorena que celebraremos en nuestra residencia el día 23 del mes corriente. Agradeceríamos confirmación de asistencia.
Atentamente,
Emilia Bengoechea
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Mi apreciada señora:
Me temo que no voy a poder asistir a la celebración. Mi amado esposo sufrió en el día de ayer un repentino infarto y hoy... ha fallecido. Comprenda que las circunstancias actuales me impiden acudir.
Respetuosamente,
Luisa Villanueva
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Querida amiga:
Lamento profundamente lo sucedido y entiendo lo inapropiado de su asistencia al convite. Por favor, no deje de avisarnos si se diera el caso de que encontrase antes de la fecha un nuevo acompañante.
Con afecto,
Emilia Bengoechea
viernes, 1 de febrero de 2008
Elegía con lágrimas de sal

El rey lógico
