miércoles 10 de junio de 2009

Cada día


Un hombre viaja cada día en tren desde su casita en el extrarradio hasta la capital, al trabajo. En un punto concreto del trayecto, levanta siempre la cabeza del diario y mira por la ventanilla. Allí está, en medio de un campo aledaño a la vía, rodeada de verde y amapolas, cada mañana, una niña vestida con el uniforme escolar y dos lazos celestes sujetando unas simpáticas coletas. Cuando escucha el tren, la niña deja su mochilita sobre la hierba, abre los brazos y empieza a balancearse hacia los lados como un avión, como, tal vez, un espantapájaros que quisiera saludar al tren y no pudiera. El hombre siempre le devuelve el saludo aun consciente de que ella no lo ve. Es feliz en ese instante, la aparición de la niña es para él como un buen augurio con el que comenzar la jornada.

Todo cambia el día en que el hombre deja que su pensamiento lo traicione. Se plantea la posibilidad de que algún día mirará por la ventanilla y la niña no estará allí. ¡Qué terrible! Tan terrible que desde entonces, cuando el tren se aproxima al campo de amapolas, hunde más sus ojos en el diario, se prohibe mirar afuera para poder imaginar que la niña sigue ahí, que siempre estará ahí, que el tren la deja atrás una vez más con sus bracitos abiertos al cielo y que no sea al revés, que ella lo haya dejado atrás a él, que se haya quitado los lazos de las coletas y haya seguido su camino, los brazos sabiendo ya volar.


martes 26 de mayo de 2009

Precipitación

'Free fall - Water', Earl McCall
Voló con pericia varias veces alrededor de la catarata que caía a pico sobre el níveo paisaje de la hondonada. El lago era al fondo un fervor rugiente. Entonces la catarata se movió, la alcanzó de lleno y la mando directa a lo profundo. El travieso dios, no conforme con ello, tiró de la cadena.


lunes 25 de mayo de 2009

Filósofo en zapatillas


Se quedó mirando la suela de la pantufla, los restos lechosos mezclados con el caparazón reventado de la cucaracha que había sorprendido en la cocina. Notó un amago de arcada en la garganta, pero peor, se dijo, habría sido que Gloria se la hubiese encontrado por ahí. Limpió la suela con una servilleta y, con tal mortaja, dio sepultura al espachurrado dictióptero en el cubo de la basura. Luego llenó un vaso de agua, lo bebió y se volvió a la cama, pensando en que, si los hombres fuéramos cucarachas, no habría tantas guerras sólo del asco de matarnos. "¿Viste? La sangre es otra cosa". Se sonrió de su ocurrencia, abrazó tiernamente a su esposa y se durmió.


viernes 10 de abril de 2009

La esquina


Temprano en la mañana, un hombre camina por la calle. Va pensando en lo que le gusta pasear a esas horas en que la ciudad todavía duerme y se prepara para la batalla diaria. Sus meditaciones se diluyen ante la vistosa realidad de una mujer escultural que camina hacia él. Sorpresivamente, ella se detiene y le da dos besos. Con el segundo, los carnosos labios se acercan a su oído y le susurran: “Cuidado con la esquina”. Luego, continúa su marcha. El hombre no sabe reaccionar, se queda allí quieto, acunado en el vaivén de aquellas caderas que se alejan. Al final piensa que una loca, preciosa pero loca, y sigue caminando. Unos segundos después, un ejecutivo apresurado le golpea dolorosamente una pierna con el maletín al adelantarlo. Un amago de imprecación se le aborta en la lengua porque ya el trajeado ha doblado la esquina de la manzana. La esquina... Apenas la asociación mental empieza a estructurarse en su cerebro cuando escucha un alarido. Un maletín —el maletín— sale volando por la esquina y se despanzurra contra el asfalto enseñando sus tripas de documentos y emparedado de jamón y queso. El hombre se queda frío. En un primer momento, piensa en ir al socorro de aquella persona pero recuerda la advertencia de la chica y le entra el miedo. Duda. Lo sobresalta entonces una ráfaga de disparos y se pega a la pared. Del otro lado de la esquina le llega el sonido de chirridos de neumáticos, gritos, más disparos. El edificio entero tiembla cuando se produce una gran explosión y un resplandor de lenguas de fuego aparece hasta lamer el sándwich del maletín. Justo después, nada. El silencio absoluto. Tanto que el hombre puede escuchar sus propios latidos. Ninguna masa despavorida surge huyendo, no se oyen sirenas ni helicópteros. Nada. Tras unos minutos, reúne el coraje suficiente para asomar la nariz por la esquina. Lo primero que ve es un perro escarbando en un cubo de basura al otro lado de la calle. Pasa por ella un coche. Luego otro. Se decide a doblar completamente la esquina y lo que se encuentra es una normalidad total. Transeúntes y coches, el quiosquero abriendo su puesto, la dependienta barriendo la entrada de la mercería. No da crédito. De locos, piensa, locos como la mujer hermosa. Vuelve sobre sus pasos, dobla la esquina y se detiene. Alguien se ha llevado el maletín. Otra vez dobla la esquina y mira. Todo normal. Una sonrisilla nerviosa aflora en su boca. Decide regresar a la seguridad de su casa —allí donde lo normal no es raro—, serenarse y buscar una explicación. Yendo se cruza con una señora mayor que pasea una bola blanca peluda del tipo perro. No sabiendo muy bien por qué, le da dos besos y le dice que tenga cuidado con la esquina. De repente se siente feliz, con una satisfacción parecida a cuando ayudas a cruzar un paso de peatones a un ciego. Sigue su camino, se va silbando, las manos en los bolsillos, loco de normalidad.


jueves 19 de marzo de 2009

Citrosis

'Mi media naranja', Javier Camacho

Ella era su media naranja. Él era su media naranja. Se conocieron en un ascensor. Hablaron del tiempo y de lo caras que estaban las nueces en esa época. ¡Nueces, pobres tontos! Ni modo de sacarles el jugo. Tan fundamental mirarse para reconocer las atracciones cítricas... Pero el protocolo ascensoril anatemiza las miradas, sólo si se estropease podrían. Si funciona, no funciona. Si ascensor, no atracción. Ella se quedó en el quinto y se puso a ver una reposición de "Pretty Woman". Él bajó en el octavo para su cita con una media manzana ocasional. Un leve olor a azahar permaneció flotando unos segundos en el ascensor. Apenas eso y la amargura de un cupido por la ocasión fallida. No de naranja, se entienda, amargura de verde limón.


lunes 23 de febrero de 2009

Retorno al uno primigenio



A Samanta Garrido

Porque hay miradas que hablan
he aprendido a escuchar con los ojos,
porque hay gestos que acarician
mi piel en su tacto es seducida,
porque hay bocas que devoran las distancias
esos labios en mis labios se tatúan.
El tiempo ablanda sus agujas
y la espera es llevadera en su consuelo.

Un misterio,
gemelar conjunción de las almas,
telepática sintonía deconstruyendo el espacio
con el periférico palpitar de una sonrisa.

Caídos del mundo, así vivimos,
más allá del último atisbo de cordura,
abocados a la cierta convergencia
donde el uno separado vuelva al uno.

jueves 19 de febrero de 2009

De locos


Un niño se coló por una ventana chica en el edificio donde su mamá le había dicho que vivían los locos. Vio en una sala a varios señores mirando tele, el infinito o jugando rompecabezas. Les dijo hola y unos empezaron a reír, otros a saltar y alguno a palmotear las paredes. Uno lo tomó de la mano y en un abrir y cerrar de ojos otros se unieron y empezaron a jugar al corro de la patata. Luego les quiso enseñar piedra, papel, tijera y fue divertido, porque algunos sacaban a la segunda y otros ponían siempre piedra. Un señor era increíble, le hacía cosquillas y le pellizcaba y nada, imitaba la mar de bien a una estatua. Entonces al niño le apeteció cantar y varios aullaron muy gracioso a su ritmo.

En ese momento un celador, malhumorado de haber sido despertado de su siesta, entró impetuosamente en la sala. El niño pensó “¡Huy, un loco!”, y se fue a esconder detrás de uno de sus nuevos amigos.


jueves 6 de noviembre de 2008

Poética de los comunes



Las algodonosas cruzan el azul e inmenso
y entre los frondosos se enamoran los cantores,
se engalanan coquetos los verdes de olorosas,
se acicala el rumoroso con sus cristalinas.

Sumergido en este primaveral te recuerdo
y añoro tus delicadas acariciándome,
perderme por tus profundos que me contemplaban
como si pudiéramos detener al eterno.

Mi atormentado no puede echarte más de menos,
se quedó encogido y olvidó cómo se late.


lunes 27 de octubre de 2008

Cuarto menguante



Ella escucha,
lanza los perros contra el silencio.
Vuelven sin rabo,
con la resignada humillación
de los héroes sin batalla.

Ella fuma,
desdibuja con los dedos
la procesión volátil,
las sombras de sus ojos
quisieran ser tan danzarinas.

Ella recuerda,
aun sabiendo que es más lo que ha olvidado.
Emborronada memoria,
pasado acribillado de tachones,
mal menor que la página en blanco.

Ella espera,
la esperanza hecha remiendos,
el corazón en punto muerto,
el nombre-hombre todavía entre los labios,
entregada al sosegado consuelo
de alimentar con posibles
alguna lágrima de secano.


sábado 25 de octubre de 2008

Mismamente

'Le El' Simon Schubert, 2005
En media hora se despierta, se levanta de la cama, se va a la cocina, se toma un café y dos bollos, se va al baño, se quita el pijama, se ducha, se afeita, se estruja una espinilla, se peina, se echa desodorante, se pone el albornoz, se vuelve a la habitación, se quita el albornoz, se viste y se calza, se dirige a la puerta, se echa un último vistazo en el espejo del recibidor, se ajusta la corbata, se marcha.

En la calle, cuando se dé cuenta de que una vez más se ha olvidado las llaves dentro de casa, se maldecirá fuera de sí a sí mismo y se volverá a recriminar el actuar siempre de forma tan irreflexiva.


Deseos (esbozos de minificción)


El de un ciego que anhela ver para dejar de escuchar lo ruidoso que es el silencio.

El de un ignorante que quiere ser escritor para dejar de ser ignorante, lo cual demuestra lo ignorante que es.

El de un creyente que reza a un dios que no es el suyo para que hable con su dios pidiéndole que escuche sus plegarias.

El de un niño que quiere ser mayor pero no viejo. Menos de veinticinco años, calcula.

El de una mujer que no quiere encontrar a un príncipe azul, sino a un hombre al que poder convertir en su príncipe azul.

El de un hombre que busca una mujer que no quiera convertirlo en su príncipe azul.

El de una Bella Durmiente que, después de un año de casados, querría volver a dormirse para no tener que aguantar más al Príncipe Azul.

El de un dromedario que aspira a ser camello por pura avaricia.

El de un poema con nombre de mujer al que le gustaría que los demás poemas dejasen de poner en duda su masculinidad.

El de un genio que desea encontrar un genio que lo libere para siempre de su lámpara.

El de un pintor que despinta sus cuadros en busca de la pureza.

El de un narcisista que quisiera ser otro para poder alabarse a gusto.

El de un soldado que querría que el enemigo falleciese de muerte natural.

El de un gigoló que desearía desear.

El de el Sol que, cuando se encuentra con su amada Luna, quisiera que no lo eclipsase.

El de un amor no correspondido que busca otro amor no correspondido para corresponderse, así sea siquiera por correspondencia o vía e-mail.

El de Dios que quisiera ser hombre para poder morir y conocer el Infierno.

El de un libro que preferiría dejarse de historias y pasar página.


jueves 23 de octubre de 2008

Circus interruptus


La tensión se palpa en el ambiente cuando el hombre empieza a caminar sobre la cuerda floja. De repente, la tensión se apodera de la cuerda. El equilibrista sale despedido, atraviesa la carpa y se pierde en la infinitud. La cuerda saluda con un giro de comba infantil agradeciendo su colaboración al público, que se parte las manos a aplaudir.


miércoles 22 de octubre de 2008

Resueños


Un hombre sueña que sueña que sueña que sueña que está soñando. Al rato sueña que sueña que sueña que sueña que se despierta. Luego sueña que sueña que sueña que se despierta del sueño en que se despierta. Y también que, mientras se levanta remolón de la cama, se queja de lo tarde que va a llegar hoy al trabajo, cuando al fin logre despertarse.


martes 21 de octubre de 2008

La verdadera historia del cántaro y la fuente


De tanto ir el cántaro a la fuente, acabaron por enamorarse. Cada día, el cántaro más se llenaba de amor y, por consiguiente, menos de agua. Su dueña, harta de tanto viaje para llevar a casa la misma agua que antes en un ir y venir trasegaba, terminó por montar en cólera y estrelló el cántaro contra un muro.

De las potables lágrimas de la enamorada nacería una oda hermosísima y triste que aún cantan cada mañana las fuentes de todo el país, para solaz de sus habitantes. Sólo las personas, que tan poco tiempo tienen para escuchar a las fuentes, han olvidado esta historia. Apenas conservan de ella la expresión “amor destrozado” y un refrán, siempre más práctico de usar según conveniencia.


miércoles 15 de octubre de 2008

Principio y final de una odisea


Recién partido de Ítaca, Odiseo rezó a Poseidón:

—Protégeme y guárdame, buen dios.

Así lo hizo Poseidón mandándolo al fondo del mar, a buen recaudo. Y Penélope espera que te espera, enredada por Homero.




martes 14 de octubre de 2008

Tragedia de identidades


Le dices a Laura que la quieres, aunque tu yo sabe que no es cierto. También lo sabe su yo pero no se atreve a contárselo, porque ama profundamente a tu yo (amor correspondido). Ambos temen que, si ella descubre que no la quieres, no puedan volver a verse.

Por tu yo, dices, es que sigues con esta farsa. No debieras.


viernes 10 de octubre de 2008

Sí aunque no



Un día de equinoccio en el Gran Bosque, el señor Conejo se topó con el señor Lobo.

—Podría haberme encontrado —se lamentó el señor Conejo— con el señor Ratón o con el señor Ciervo. Mire que es grande este nuestro Gran Bosque y voy a coincidir con usted, señor Lobo. No he tenido nada de suerte.

—Sí, sí la ha tenido. Aunque mala —se mofó el señor Lobo.

Pero en ese momento se oyó un disparo y el señor Lobo cayó al suelo víctima de malherimiento.

—Yo sí que no he tenido suerte —se quejó.

—No, no la ha tenido. Aunque bueno...

El señor Conejo se encogió de hombros y luego de patas para marcharse muy a bote pronto, antes de que el señor Cazador recargara la escopeta y su suerte volviera a mudar de adjetivo. Porque así de antojadiza se muestra la señora Fortuna para con estas cosas que suelen suceder, sobre todo un día de equinoccio, en el Gran Bosque.



jueves 9 de octubre de 2008

Cualquier tiempo pasado fue mejor


Aquel hombre, por canas asomando la cincuentena, cruzaba sus manos grandes hacia el pecho como en ocultar algo bajo ellas.

—Vamos, buen amigo —uno decía de los que en la mesa le acompañaban—. Sabéis de sobra lo convenido siempre entre nosotros.

—Pero a mi cuerpo es menester lo que los vuestros tanto no precisan —pareció rebatir ceñudo el aludido, aun no sin cierto rubor en los carrillos.

Otro, de rostro ingenuo y sonrosado, afiló el mostacho fino con sus dedos como mostrando paciencia, mas sus ojos se le iban, con brillo de avidez, hacia entre los dedos del testarudo:

—Por Dios, que sois obstinado. No dudéis que vuestro éxito, en el haber conseguido, lo admiramos los tres con la justa reverencia. Mas la regla...

—Mas la regla es juramento —terció el cuarto hombre que hasta ahora se había mostrado silencioso, y en sus palabras podía notarse cierto matiz de autoridad.

Ante el acoso de sus compañeros, aquel hombre robusto lanzó un bufido de resignación, separó sus manos y empujó con ellas al centro de la mesa el motivo de las querencias: un modesto queso, redondo y rancio.

Sacó, el primero que hablara, una daga algo herrumbrosa de bajo la casaca raída, y en dos precisos tajos hizo la división. Antes de abalanzarse sobre el frugal alimento, quisieron aquellos menesterosos guardar su costumbre y, con tono poco convencido, rumiaron la arenga:

—Todos para uno...


lunes 14 de julio de 2008

La aparecida


—Que te digo que es una fantasma.

—No, tío, no. Que los fantasmas dan miedo, ¿no ves lo guapa que es, atontao?

—¡Pero mírala cómo brilla!

—Aura, se dice.

— Pues eso, ¿no ves tú o qué? ¡Y además flota!

—La verdad es que lleva sábana blanca.

—Lo que yo te diga: un fantasma.

—¡Boh! Pues si que... ¿Y eso da miedo?

—Para nada. Anda, vamos a decirle al Perolas, que lo va a flipar.

Los dos niños se alejaron, no sin varias veces girarse para enseñar la lengua a la Virgen, sonrojada en su beatífica pose de brazos abiertos.


domingo 6 de julio de 2008

Sexo hasta el desmayo

'Bésame mucho', ®ominitä
—¡Oooh, Dios! Cómo sabes lo que me gusta, cabrón —dijo Luisa apoyando firmemente las manos sobre la mesa.

—Pues no has visto nada. Así... Échate para delante que te voy a destrozar —baboseó Roberto con aire imperativo mientras perdía la mirada en aquellas carnosas nalgas frente a él.

Luisa se pasó la mano suavemente por la garganta cuando el soberbio falo entró por detrás sin miramientos y tuvo que gritar con desmesurado goce.

—Uhmmm —se derritió Roberto mientras apartaba el flequillo que le caía sobre la frente—. No sólo a mí me está gustando, ¿verdad, putita?

—¡Cerdo! Me estás desgarrando. ¡Ay, sigue!

Gemidos de placer desenfrenado salieron de la boca de Luisa en un crescendo frenético, alternándolos con grititos orgásmicos de delicia lacerada. De pronto, se le nubló la visión y las rodillas le flojearon. Roberto se apresuró a sujetarla.

—Lo siento —se disculpó ella—. Me he hiperventilado.

—Tranquila, suele pasar. Además, te noté forzado el tono cuando la clavada. Mejor descansa y seguimos mañana, queda poco por doblar. ¡Marco, borra ésta y lo dejamos por hoy!


jueves 3 de julio de 2008

Dádivas


Lorenzo es cincuentón y ciego. Doña Emilia lleva mucho más larga la vida para compensar su diminuto cuerpo. Día tras día, acuden a su cita en el paso de peatones de la calle México. Se paran cada uno en una acera y aguardan. La espera se puede hacer algo larga pero, tarde o temprano, aparece alguien que se ofrece para ayudarlos. Si uno atraviesa la calle, el otro también lo hace y, al cruzarse, golpean con disimulo plástico contra madera, como un secreto rito de bastones. Y vuelta a esperar. Así pasan las tardes.

Hay quien alguna vez se ha fijado y les ha preguntado. Los dos contestan entonces la misma cosa:

—Se les nota tan felices al despedirse…

Hace tiempo que olvidaron quién tomó el hábito de quién y nunca se han dirigido la palabra.


lunes 30 de junio de 2008

El poeta y la belleza



Dijo el Poeta:

"La felicidad es belleza y la tristeza es belleza.
Todo es belleza.
Sólo hay que tener ojos acorazonados
o un corazón contemplador
para verla".


viernes 27 de junio de 2008

El filo cruel de la guadaña

'Amantes 110', Nicoletta Tomas Caravia
Mi esposa, mi amante, mi querida Julia. La enfermera abnegada de mis cuitas de paciente hosco. ¿Quién quiso tan pronto separarnos? ¿Y por qué así? Las almas que caminan ya por mundos diferentes cuando aún nuestros cuerpos permanecen juntos.

Deseaste ofrecerme tus delicias sin importarte que yo no fuese más que pellejo y tos. Dichoso fue el regalo de sentirte de nuevo, ángel mío: tus besos, tus caricias, tu sexo levantando lo que ya creía inútil. Por última vez pude saborear esos pechos de alabastro que el pudor marcaba en tu piel morena, gozar con tus artes amatorias aprendidas en todos nuestros encuentros anteriores. Me hiciste recordar momentos felices. Yo más joven y sano, tú siempre igual: preciosa... Como cuando te cogía en vilo y me atrapabas la cintura con las piernas, mi lengua buscando la tuya mientras con la mano me enfilabas hacia ti. Imágenes que quedarán grabadas en mi mente aun muriéndome cien veces. La Muerte... Esa maldita tramposa.

Te llevó con ella, amor. Tu cuerpo inerte sobre el mío y yo sin poder ni abrazarte.


martes 24 de junio de 2008

Avance en las telecomunicaciones


CONSEJO ANCIANOS QUERER FABRICAR GRAN PIPA. DECIR NOSOTROS DIVERTIR MÁS MIENTRAS MANDAR SEÑALES HUMO. ALGO TONTOS. YO PREFERIR CIGARRILLOS. TÚ COMENTAR OPINIÓN A VUELTA DE TELEGRAMA.


jueves 19 de junio de 2008

Perturbadora flor en el asfalto


En el cotidiano deambular por las caras anónimas apareció ella: rara avis de exquisitez in terris proletaria. Fue grato desnudarla por matar el tiempo. Del esbozo apuntado bajo el cruce de su chaqueta de hilo, conseguí unos lindos pechos menudos y prietos, con pezones como avellanas diminutas. Solté el prendedor para que la marea bruna cabalgara sobre sus hombros y acentuase el aspecto salvaje de aquellos ojos verdes perdidos en la monótona fuga de calles y edificios. Los pantalones volaron para obsequiarme con unas piernas de pecado. Con sumo cuidado las descrucé tras apartar de su regazo el portafolio en piel: se veía deliciosamente obscena en su ropa de reloj Cartier y sandalias de tacón alto.

El brusco frenazo me hizo vestirla de golpe, a tiempo para encontrar la barra donde sujetarme. La vi levantarse, al pasar sentí el roce sutil de las avellanas contra mi pecho. El estupor me atontó. Habría jurado que su boca no... Me había mirado un instante pero de frente, y sus labios no...

Decidí dejar las explicaciones para luego, saqué la agenda y anoté, antes de que se me olvidara, el número de teléfono que retumbaba en mi cerebro con aquella voz insinuante.



lunes 16 de junio de 2008

Omnívoro


—Cuernos y pezuñas, herbívoro —respiró aliviado el biólogo experto en taxonomía.

—Cierto. Pero garras y colmillos, carnívoro —replicó el demonio antes de zampárselo de un bocado.


sábado 14 de junio de 2008

Por la boca muere el pez

'El banquete de los dioses', Frans Floris de Vriendt
La fiesta de despedida del XIV Congreso Mundial de Divinidades estaba en su apogeo. Mayahuel ofrecía el pulque que manaba en catarata de sus cuatrocientos pechos a todo aquel que quisiese arrimar la boca. Jesús y Dioniso mantenían inagotables las reservas de vino mientras Osiris hacía otro tanto con la cerveza. Ménades y bacantes se mezclaban con los Centzon Totchtli y algún que otro ángel borrachín en una apoteosis de alcohol y sexo.

Alá contemplaba el espectáculo sentado en un rincón. De vez en cuando, lanzaba una mirada de súplica a su profético ayudante.

—¡Ah! —se encogía entonces de hombros Mahoma—, pues no haberlo dicho.


jueves 12 de junio de 2008

Perspectivas vitales

'Bipolar', Cynthia May
Optimistas
Mientras el creyente pensaba que vivir era un dulce aperitivo del gran banquete del Cielo, el ateo veía la vida como la borrachera ideal: tras la muerte no hay resaca.


Pesimistas
El creyente sorbía su existencia en someros sorbos, temeroso de una mala digestión de llamas y azufre; el ateo no se atrevía a comerse la vida, consciente de que después no habría postre.

martes 10 de junio de 2008

Enfermedad de transmisión genial

'Magic Lamp', Mihail Surkov
Un genio estornudó una bolsa de monedas infinitas, un reino y la mujer más bella, para el hombre que había frotado la lámpara. Curado de ambiciones, el genio se marchó feliz, no sin antes contagiar la enfermedad al hombre, que fue absorbido por la lámpara. Desde entonces permanece a la espera de que otro desdichado lo libere. Llevará su tiempo porque, tanto o más que hermosa, la mujer resultó inteligente: con la bolsa y una loable habilidad para la intriga, llegó a ser soberana del reino. En el rincón más profundo de Palacio permanece la lámpara, a salvo de manos avariciosas.


jueves 5 de junio de 2008

Venganza alimentaria


En aquel país, los hombres crían cuervos para que se alimenten de gusanos, tradición rencorosa contra los que habrán de devorar sus carnes después de silbar la guadaña. Aunque la verdad es otra: los cuervos no comen gusanos por adiestrados, sino por el sabor a humano que guardan en sus cuerpecillos. Odian a los hombres y, con gusto, les arrancarían los ojos si esto no fuese perder la compostura, cosa que un cuervo de bien nunca haría. Por mucho que la gente diga.