
De tanto ir el cántaro a la fuente, acabaron por enamorarse. Cada día, el cántaro más se llenaba de amor y, por consiguiente, menos de agua. Su dueña, harta de tanto viaje para llevar a casa la misma agua que antes en un ir y venir trasegaba, terminó por montar en cólera y estrelló el cántaro contra un muro.
De las potables lágrimas de la enamorada nacería una oda hermosísima y triste que aún cantan cada mañana las fuentes de todo el país, para solaz de sus habitantes. Sólo las personas, que tan poco tiempo tienen para escuchar a las fuentes, han olvidado esta historia. Apenas conservan de ella la expresión “amor destrozado” y un refrán, siempre más práctico de usar según conveniencia.
6 comentarios:
Jejej, muy bueno :)
A un antiguo amor le hicieron un pequeño cambio con el refrán:
"Tanto va el cántaro a la fuente
que al final.. Palmira"
Jejeje! ;)
esta bueno como reflexion pero no me cierra como cuento.... o minicuento..... de todas formas..... me hace pensar ahora en un intento de amor no correspondido (pobre de mi je).
bueno saludos desde aca y suerte en todo
Si al final... Palmira, entonces buen final :D Bechote chofchof.
insomne, siempre he defendido que la minificción es en sí un género proteico. El minicuento puro (es decir, la minificción de introducción, nudo y desenlace impactante o sorpresivo) es uno de sus subgéneros, no siempre ha de cerrar, muchas veces es un híbrido de muchas estructuras, desde la viñeta a la fábula, pasando por el epitafio, los anuncios por palabras, el poema en prosa, los bestiarios, los caligramas, etc. Si algo define a la minificción es su indefinición genérica. Sus rasgos diferenciales no son estructurales sino, por ejemplo, la síntesis, la fractalidad, la elipsis, la intertextualidad, ...
Un saludo para vos y mil gracias por pasar.
Hala qué bonito!!!
Gracias, chula. :)
Muy buena tu luz Sergio. Celebro haber tenido la curiosidad de entrado al blog. Felicidades(444)
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