lunes, 30 de junio de 2008

El poeta y la belleza



Dijo el Poeta:

"La felicidad es belleza y la tristeza es belleza.
Todo es belleza.
Sólo hay que tener ojos acorazonados
o un corazón contemplador
para verla".


viernes, 27 de junio de 2008

El filo cruel de la guadaña

'Amantes 110', Nicoletta Tomas Caravia
Mi esposa, mi amante, mi querida Julia. La enfermera abnegada de mis cuitas de paciente hosco. ¿Quién quiso tan pronto separarnos? ¿Y por qué así? Las almas que caminan ya por mundos diferentes cuando aún nuestros cuerpos permanecen juntos.

Deseaste ofrecerme tus delicias sin importarte que yo no fuese más que pellejo y tos. Dichoso fue el regalo de sentirte de nuevo, ángel mío: tus besos, tus caricias, tu sexo levantando lo que ya creía inútil. Por última vez pude saborear esos pechos de alabastro que el pudor marcaba en tu piel morena, gozar con tus artes amatorias aprendidas en todos nuestros encuentros anteriores. Me hiciste recordar momentos felices. Yo más joven y sano, tú siempre igual: preciosa... Como cuando te cogía en vilo y me atrapabas la cintura con las piernas, mi lengua buscando la tuya mientras con la mano me enfilabas hacia ti. Imágenes que quedarán grabadas en mi mente aun muriéndome cien veces. La Muerte... Esa maldita tramposa.

Te llevó con ella, amor. Tu cuerpo inerte sobre el mío y yo sin poder ni abrazarte.


martes, 24 de junio de 2008

Avance en las telecomunicaciones


CONSEJO ANCIANOS QUERER FABRICAR GRAN PIPA. DECIR NOSOTROS DIVERTIR MÁS MIENTRAS MANDAR SEÑALES HUMO. ALGO TONTOS. YO PREFERIR CIGARRILLOS. TÚ COMENTAR OPINIÓN A VUELTA DE TELEGRAMA.


jueves, 19 de junio de 2008

Perturbadora flor en el asfalto


En el cotidiano deambular por las caras anónimas apareció ella: rara avis de exquisitez in terris proletaria. Fue grato desnudarla por matar el tiempo. Del esbozo apuntado bajo el cruce de su chaqueta de hilo, conseguí unos lindos pechos menudos y prietos, con pezones como avellanas diminutas. Solté el prendedor para que la marea bruna cabalgara sobre sus hombros y acentuase el aspecto salvaje de aquellos ojos verdes perdidos en la monótona fuga de calles y edificios. Los pantalones volaron para obsequiarme con unas piernas de pecado. Con sumo cuidado las descrucé tras apartar de su regazo el portafolio en piel: se veía deliciosamente obscena en su ropa de reloj Cartier y sandalias de tacón alto.

El brusco frenazo me hizo vestirla de golpe, a tiempo para encontrar la barra donde sujetarme. La vi levantarse, al pasar sentí el roce sutil de las avellanas contra mi pecho. El estupor me atontó. Habría jurado que su boca no... Me había mirado un instante pero de frente, y sus labios no...

Decidí dejar las explicaciones para luego, saqué la agenda y anoté, antes de que se me olvidara, el número de teléfono que retumbaba en mi cerebro con aquella voz insinuante.



lunes, 16 de junio de 2008

Omnívoro


—Cuernos y pezuñas, herbívoro —respiró aliviado el biólogo experto en taxonomía.

—Cierto. Pero garras y colmillos, carnívoro —replicó el demonio antes de zampárselo de un bocado.


sábado, 14 de junio de 2008

Por la boca muere el pez

'El banquete de los dioses', Frans Floris de Vriendt
La fiesta de despedida del XIV Congreso Mundial de Divinidades estaba en su apogeo. Mayahuel ofrecía el pulque que manaba en catarata de sus cuatrocientos pechos a todo aquel que quisiese arrimar la boca. Jesús y Dioniso mantenían inagotables las reservas de vino mientras Osiris hacía otro tanto con la cerveza. Ménades y bacantes se mezclaban con los Centzon Totchtli y algún que otro ángel borrachín en una apoteosis de alcohol y sexo.

Alá contemplaba el espectáculo sentado en un rincón. De vez en cuando, lanzaba una mirada de súplica a su profético ayudante.

—¡Ah! —se encogía entonces de hombros Mahoma—, pues no haberlo dicho.


jueves, 12 de junio de 2008

Perspectivas vitales

'Bipolar', Cynthia May
Optimistas
Mientras el creyente pensaba que vivir era un dulce aperitivo del gran banquete del Cielo, el ateo veía la vida como la borrachera ideal: tras la muerte no hay resaca.


Pesimistas
El creyente sorbía su existencia en someros sorbos, temeroso de una mala digestión de llamas y azufre; el ateo no se atrevía a comerse la vida, consciente de que después no habría postre.

martes, 10 de junio de 2008

Enfermedad de transmisión genial

'Magic Lamp', Mihail Surkov
Un genio estornudó una bolsa de monedas infinitas, un reino y la mujer más bella, para el hombre que había frotado la lámpara. Curado de ambiciones, el genio se marchó feliz, no sin antes contagiar la enfermedad al hombre, que fue absorbido por la lámpara. Desde entonces permanece a la espera de que otro desdichado lo libere. Llevará su tiempo porque, tanto o más que hermosa, la mujer resultó inteligente: con la bolsa y una loable habilidad para la intriga, llegó a ser soberana del reino. En el rincón más profundo de Palacio permanece la lámpara, a salvo de manos avariciosas.


jueves, 5 de junio de 2008

Venganza alimentaria


En aquel país, los hombres crían cuervos para que se alimenten de gusanos, tradición rencorosa contra los que habrán de devorar sus carnes después de silbar la guadaña. Aunque la verdad es otra: los cuervos no comen gusanos por adiestrados, sino por el sabor a humano que guardan en sus cuerpecillos. Odian a los hombres y, con gusto, les arrancarían los ojos si esto no fuese perder la compostura, cosa que un cuervo de bien nunca haría. Por mucho que la gente diga.

miércoles, 4 de junio de 2008

El poliglotón


La puerta de atrás no tenía cerrojo. Entró, comió un primer plato, un segundo y un tercero. Luego, por divertirse, eructó y eructó y con su aliento a jamón la casita derribó.

Método y disciplina


A punto de escribir la palabra ‘Fin’, estornuda. ¡Oh, desaliño y alboroto! Pero el escritor es ser paciente aunque no pazca, tranquilo gramo a gramo. Recoge del suelo palabras, personajes, metáforas castradas de sus sentidos figurados, entrama dramas y proclamas, saca punta a lápiz y memoria una y otra vez hasta rendir de nuevo a fuego negro el blanco de las hojas. Después, con mucha calma, escribe ‘Fin’ por fin y se suena los mocos.

martes, 3 de junio de 2008

Amada


Te hacía de diez o doce gestos cada día. Aquí dentro te cambiaba en forma, te derribaba y construía con velos de color y falsos negros. Clavaba mis uñas en tu barro y tornabas aire que ríe, ritornelo ya escuchado que enmarcaba los modos en que te pensaba, en que soñaba que fueses. Forjaba tu no existiendo de retazos vivos en lienzos imperfectos. De diez, de doce a veces, desconocidas incompletas. Eras la ceja elevada tomando a sorbos el café que quema, la arruga alegre del ojo que sonreía a alguien que no era yo, que no quise nunca ser yo. Reinventaba tu figura en seda y se me hacía áspero el intento. Decía hacerte algodón y me recordabas que hay las nubes. Rebelde. Huidiza. Siempre un paso por delante y no te hallaba. Lo sabías y te divertía.

Más de una vez, mucho más de muchas veces te acuchillé desesperado, volatilicé mis anhelos en virutas diminutas con la esperanza de destruirte y poder no buscarte. Y entonces iba por las calles mirando el cielo por no ver a ras de suelo, con miedo de empezar a dibujarte de nuevo, aterrado de encontrarte inacabada en otro gesto fugaz.

Ahora ya no me perturbas, maldita amada. Sé que tu esencia es el sueño, no te quiero real, detestaría el tocarte. Eres completa al fin, humo y viento.

domingo, 1 de junio de 2008

Fin de fiesta


Él ya la había desnudado. Fetichista, no había querido que se descalzara, observándola con lascivia sobre las sábanas mientras abría varonil la pechera de la camisola y procedía a su propio desabrigo. Sintió ella un escalofrío gozoso cuando sus cuerpos se encontraron y aquella lengua empezó a regalar humedades por su piel. Quiso por última vez resistirse al mar de apetencias que la embriagaba, pero la súplica se murió en su garganta al notar cómo aquella masculinidad entraba deliciosamente abrasadora, rindiéndola en la pasión.

Poco después, en medio de un orgasmo, ni siquiera pudo escuchar las campanadas que sonaban en la medianoche. Más de uno se habría de extrañar al ver aquella calabaza abandonada a puertas de Palacio.

sábado, 31 de mayo de 2008

No siempre


Recogiendo flores, una mujer enamorada encontró un trébol de cuatro hojas:

-¡Qué suerte! -se dijo.

Arrebatada de amor, empezó a deshojarlo.

-Me quiere, no me quiere, me quiere... ¡Oh, qué mala suerte!

jueves, 29 de mayo de 2008

Invocación


Recogió la sangre en el cáliz sagrado. Invocó a los dioses seis días con sus noches según los arcanos ancestrales. Cuando no aparecieron, lamentó no poder preguntar al padre Antón, ya maloliente y descompuesto, si es que cada dios atendía a su propio cáliz.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Divertimento

'Le Reveil', Christian Coigny
No lo puedo evitar. En realidad es un hábito, casi como un ritual.

Primero me desvisto lentamente frente al espejo. Procuro hacerlo de la forma más sensual posible, inventando nuevos gestos incitantes cada noche. Desnuda ya, me gusta mirar cómo mis manos recorren la imagen reflejada. Voy hasta la cama y me tiendo con modales gatunos, frotándome sobre las sábanas. No sé si por morbo, entonces pienso en Juan, mi casero (he de reconocer que me atraen así: maduritos de buen ver). Mientras deslizo una mano hacia el pubis, imagino que él también comienza a tocarse. Me vuelvo ególatra con mis primeros gemidos, rozo el clítoris en el vaivén de los dedos perdiéndoseme dentro y ya no tengo que simular la delicia. Concibo a Juan a mi lado, la mente hedonista me regala sus caricias y me revuelvo hambrienta en el colchón. Quererlo entonces sobre mí, su hierro abrasador llenándome y los espasmos van viniendo, cada vez más intensos, hasta que el orgasmo brutal me estremece. Desbocada por el éxtasis, giro para morder la almohada y ahogar el grito que me suele asomar en el goce extremo.

A veces, sigo otro rato, pero normalmente lo dejo ahí. Después ya no es lo mismo. A lo sumo, como travesura final, apago rápida la luz. Me divierte mucho ver el tenue haz atravesar la oscuridad del cuarto, antes de que a él le dé tiempo a tapar el agujero.

lunes, 26 de mayo de 2008

Malentendidos

'Heartbreak stops the rain', Nicolás Cuestas

Qué extraña metamorfosis
la de ese batallón
que desfila por mis dientes
en formación perfecta
y acaba rompiendo filas,
desarbolado,
en el laberinto de tu oído y de tu mente.
Será que la boca es una herida
—la primera—
que nunca cicatriza desde el parto.


viernes, 23 de mayo de 2008

La petite planète

'El Principito', Antoine de Saint-Exupéry
Al principito le gustaba sentarse a ver la puesta de sol. Sacaba la pipa de agua que le había regalado un bereber durante su reciente visita a la Tierra, la encendía con una raíz de baobab que metía en uno de los volcanes y se ponía a fumar mientras recordaba a su amigo el dibujante de boas abiertas y cerradas.

Las volutas de humo, que olían a menta y caramelo, absorbían la humedad del aire y formaban nubes algodonosas que embellecían los ocasos con sus tornasoles. Pronto aprendió a domesticarlas para ahorrarse la tarea de regar su flor. Además, pensó que serían un buen remedio si alguna vez se olvidaba de deshollinar los volcanes. Son tan imprevisibles...

Lo que no le había dicho aquel bereber es que fumar fuese tan adictivo. A los dos meses de su regreso, el borreguito se convirtió en la primera víctima del efecto invernadero.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Siete (per)versiones de "La elefanta"



La elefanta

Los elefantes de un circo que llegaba a la ciudad de México se escaparon en la estación y, espantados con los pitos de las locomotoras, se echaron a correr por las calles, enfurecidos, haciendo destrozos. Un pobre señor que salía con su mujer y su niña de alguna comida con amigos y traía su par de copas, al pasar junto a él la elefanta, le tiró de la cola. El animal se volvió, lo levantó con la trompa, lo aplastó en el suelo y lo pisoteó. Me parece todavía más horrible el dolor de la viuda y la hija, porque no pueden ni contar de qué murió el pobre hombre. Si dicen: "lo mató una elefanta", todo el mundo se echa a reír.

[Alfonso Reyes, Animalia, México, El Colegio Nacional, 1990, p. 63]





Desproporción

Aquel hombre se encuentra con un elefante que avanza en carrera huidiza llevándose todo por delante. Con gran destreza, consigue sujetarlo por el rabo. El animal barrita de dolor. Lo levanta, lo lanza contra el suelo y lo pisotea.

Gulliver ríe malicioso y sigue su camino.



Cómo Lázaro se vengó del ciego y salió dél

A mí llaman Lázaro de Tormes. De mi vida hice ya en algún escrito, mas por desto, quisiera agora enmendar algo en lo dicho. Si entonces fui falsario, crea vuestra merced justo lo hice para no pasar por mentiroso. Trata de cómo salí de mi primer amo, el ciego, que no fue por arremeter éste contra poste frente al que lo pusiera, sino con astucia mayor.

Fue que en Escalona, por las bodas del duque desta villa, mandó el novio de buenos dineros vinieran unos feriantes, por saber que un elefante usaban para sus juegos. Viendo aquel animal, di con idea y burla para escaparme vengado. Habléle al viejo que el duque habría de dar pan fresco ese día para quien fuese a rogar limosna. Muy de presto mandó que lo llevara, y así fue que riéndome entre mí lo saqué hasta do la bestia estaba, no sin antes mareallo en vueltas de calles que perdiera el rumbo. Lo puse bien derecho tras el elefante para decille:

"En la puerta estamos, tío, y enfrente tenéis el tirador de llamar. Si queréis, os guío la mano..."

Quiso y al rabo se la llevé, para seguido advertille tirase fuerte al tiempo que yo me apartaba de un salto. Todavía pensaba el pobre de qué aquel bramido cuando el elefante ya lo asía con la trompa. Lo levantó y lo aplastó en el suelo, para rematallo a pisotadas.

Cuando esto he dado en contar, pocos lo han sentido cierto, pero es decir: "lo pateó el elefante", y no hay quien sepa guardar su risa.



Eran otros tiempos

Los mûmakil de las hordas que llegaban de Harad arremetieron contra las fuerzas de Gondor, haciendo grandes destrozos entre sus filas. Un intrépido soldado logró esquivar la embestida de una de las bestias, y al pasar se agarró del enorme rabo intentando penetrar con su espada aquella piel dura como el mithril. El mûmak se lo sacudió de una patada, se giró y lo ensartó en el suelo. Así reinició su furibunda carrera, con los despojos del guerrero en sus colmillos hasta que una certera flecha le atravesó un ojo. Menos horrible fue la suerte de la viuda y la hija que dejó aquel valiente en Tierra Media, pues al menos pudieron contar con orgullo de qué había muerto su hombre. Cuando decían: "lo mató un mûmak", todo el mundo las miraba con respeto.




Número de magia

Que nunca se debe agarrar a un elefante por la cola es evidente.

La mujer contemplaba con horror el sello de sangre y vísceras en que se había convertido su marido. Conmocionada, ni siquiera sentía el tironeo en su falda con que la manita insistente de la niña reclamaba su atención:

-¡Mami, mami! Dile a papi que lo repita.




El consuelo de la viuda

Terca como una mula, la elefanta se negó a avanzar sobre las tablas. El hombre alzó el rostro al cielo y maldijo en alta voz. Con la ayuda de sus hijos, probó a empujarla desde atrás. Imposible. Desesperado, asió con fuerza el rabo de la hembra y se colgó con todo el peso de su cuerpo. Una esponjosa pezuña lo envió hasta un árbol próximo donde se partió la cabeza. La elefanta ni se molestó en mirarlo; con andar cansino, reanudó su avance. El horror afloró vívido a los ojos de la familia de aquel desdichado pero, ante la urgencia del momento, la recién enviudada supo reaccionar. Apremió a sus vástagos y éstos fueron prestos a reiniciar el trasiego. Y aun conteniendo el llanto, la mujer no pudo evitar el pensamiento de que, al menos, nadie quedaría para reírse de tan absurda muerte.

Las primeras gotas empezaban a caer sobre el Arca.




De niños y héroes

Cuando Laurita era tan sólo un bebé, a su padre lo aplastó en medio de la calle un elefante escapado de un circo llegado a la ciudad. Su madre, avergonzada de tan surrealista muerte, le había dicho siempre a la niña que su papá había muerto de un mal aire que cogió. Una noche, espiando entre los barrotes de la escalera la cena de los mayores, descubrió la verdad. Laurita se sintió muy feliz. Ahora podría responder con orgullo la próxima vez que le preguntaran en la escuela.




La esquina

Dos vecinas suben juntas por Urzaiz camino del supermercado. Si nos acercamos, podemos escuchar cómo una cuenta que ha tenido que regañar a un tal Josito por decir que a cierto Paco lo acababa de pisotear una elefanta. Las señoras ríen estrepitosas la ocurrencia. A metros de alcanzar una esquina, un temblor rítmico y creciente en la acera les sube por las piernas. Luego... cesa. Ellas se miran dudosas pero al momento sonríen, y niegan con la cabeza burlándose de sí mismas. Con nuevos cotilleos, reanudan el avance hacia el final de la manzana. Una lleva la mano algo crispada en el pecho sujetando su chaqueta abierta. La otra, procura no adelantarse.

martes, 20 de mayo de 2008

Improvisando


Era duro estar al cargo de veintitrés sistemas planetarios, en especial por esa época en que parecía que todas las criaturas andaban a la gresca: los grubulian contra los felbak; los mlogla aliados con los zenomes para incordiar a los fzut; y los carrhis, resolviendo a phaser limpio sus disputas entre dinastías.

Una leve punzada le anticipó la llegada de un dolor de cabeza galáctico. Decidió dejar los grandes problemas por un rato y se entretuvo en pasar revista a sus dominios. Comenzó por las estrellas: bien, ninguna anomalía, tenían gas para unos cuantos miles de millones de años más; luego comprobó las trayectorias de los cometas: correcto, sin colisiones importantes a la vista; por último, echó un vistazo a los planetas menores.

Cuando el pequeño astro azul apareció en la visioesfera, no pudo evitar sonreír.

-La Tierra... -murmuró mientras gratos recuerdos volvían a su memoria.

Había sido la tesis final de su carrera deífica: “Formación de un mundo oxigenado”. Tanto reconocimiento obtuvo que le habían otorgado la contrata de su creación. Luego, con la gestación de Adán y Eva, había logrado el premio “Nuevas criaturas” e iniciado su fulgurante ascenso en la jerarquía cósmica.

Cuando sus obligaciones fueron aumentando, decidió dar libre albedrío a los humanos. Hacía tiempo que no miraba cómo les iba. Levantó la ceja decepcionado al echar un vistazo: como siguieran así, no durarían mucho. Era una pena.

-¡Señor, los felbak se han cargado el planeta Brulan! -bramó de repente el fototransmisor.

Lanzó una maldición y miró a su alrededor. En la sala de mandos sólo estaba el operador de telemetría estelar.

-Esto... Yeshus, ¿te apetece ser mi hijo?