
“Por fin soy mayor”, pensó Laurita cuando su madre le regaló sus primeras medias de seda. Las colocó en la cuchara del involucionador y en un instante aparecieron los pequeños gusanos.
Mientras los metía en una caja transparente, sobre un lecho de hojas frescas de morera, se congratulaba una y otra vez de la enorme responsabilidad que suponía tener sus propias mascotas.
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