
sábado, 19 de enero de 2008
El hígado de Prometeo

jueves, 17 de enero de 2008
El faro de mis naufragios

Poco a poco, me traes de vuelta al mundo, mi cabeza vencida a tu regazo y a la pluma de tu mano, que acaricia. Con la tenue languidez de un niño enfermo, dejo que mis lágrimas se evaporen al calor de tus muslos. En tu voz empiezo a sentir al ruiseñor y trato entonces de creerte. El sol no deja de existir, el sol no deja de existir. No. El sol. Mi sol. No me dejes, no me dejes nunca, mi sol. Tú no puedes saber.
miércoles, 16 de enero de 2008
Regio no es lo mismo que real

martes, 15 de enero de 2008
A perro flaco...
domingo, 13 de enero de 2008
Final para un final

.
fin
la palabra
temblorosa
con su letra
a dibujar
empezaba
en el cenicero
abandonado
un cigarrillo
el humo de
  mientras
siempre
para
fue
se
y
NOQUIEROVERTEMÁS !!!!!
La espera
Dejado atrás el tiempo de lirios y azaleas, este jardín de malvas se me ha ido descuidando. Ni apetece la congoja del llanto. Es cansino.
Arrastro el túmulo de mi cuerpo mientras las hojas del calendario vienen a posarse, broza seca. Soy un árbol muriente, un espantapájaros de corazón pajizo. Las horas negras han llegado con su sombra torcida.
Atrás el tiempo. Dejado. Atrás porque duele, doler es vivir y yo no... Quizá hoy la campana doble para mí, ladre el perro ahuecando el aire. Sí, el feliz estertor en que se acabe este engaño de mi aliento patibulario.
Dios, cuánta quietud… Llegue el viento a este nido de cuervos, el soplo que con levedad eficiente libere mis cenizas de su inconsistente equilibrio. Quedar al fin atrás como aquel tiempo de lirios y azaleas, como todos los tiempos que aprenden a preñarse de pasado.
Todo queda atrás. Esa es mi certeza y mi esperanza.
viernes, 11 de enero de 2008
Vanidad elevada
jueves, 10 de enero de 2008
Algoritmo sexual
Nada
Cuando las sombras ciernan
su cierta dura solidez
y la última liturgia
enmudezca para siempre,
emprenderemos el viaje de la tierra
entre esquirlas sanguíneas
que ya no dolerán.
Como compañeros,
los pasos de la hierba, la piedra,
el hambre aullada de los perros,
la hierática languidez
de los árboles enraizados.
Siendo nada aquello
que un día rompió a vivir
en el hueso y la carne,
será nada el destino
que borre complaciente,
en el silencio de una justa providencia,
nuestros nombres.
miércoles, 9 de enero de 2008
Flor para una madre muerta
martes, 8 de enero de 2008
A contraluz
La taza. Abandonada al hueco de tus manos, abandonada tú al rito de la huida mientras los cobres del ocaso te dibujan. Con el pelo y el alma recogidos, tu mente cabalga praderas que a veces juego a imaginar. Y tu mente cabalga. Y yo imagino.
Al final, cuando tu silueta acepta diluirse entre las primeras sombras y poco a poco te pierdo, y ya no eres más que el movimiento pausado de tu pecho, el mínimo balanceo de tus hombros, la curva de tu espalda como primer trazo sobre un lienzo anochecido, al final me acerco. Quizá con el temor de que, si no lo hago, desaparezcas. Hacia praderas que no pueda imaginar.
La parábola inconclusa
sábado, 5 de enero de 2008
Balance
cuando sientas
-en los latidos-
el cansancio cómodo
cuando el rumor de los cipreses
anticipe tu nombre
mira atrás
descubre en el polvo
tus huellas
la marca en cada paso
por este perezoso desangrarse
que es la vida
haz balance
no prometo llorar
si tiembla tu mano
al cerrar la cuenta
/más allá de la muerte
sólo somos lo que hicimos/
Quizás una historia
viernes, 4 de enero de 2008
Acuarelas diluidas

Albaceas del misterio,
óvalos misericordes
que guardan la culpa
del pasado trasegado.
Otra vez me he perdido
en la cuna blanda,
la lluvia adormecida
deslizándose al fondo
de tus campos verdes.
Enredado,
fanáticamente,
en tu mar de sargazos,
amor náufrago
en la hora imprecisa,
cuando el placer y la muerte
se asemejan.
¿Qué anegado infierno guardarás
en la herida molicie
de tu mirada?
¿Qué moneda he de ofrecerte
para poder cruzar
esa laguna Estigia?
Déjame acariciarte los ojos
con la brisa sanadora
que engendra el deseo.
Que el olvido caliente
las brasas del aliento
que muerde nuestros labios.
Afuera,
ya callaron los robles
sus chismorreos de vieja,
el búho recita
los siete salmos apócrifos
con que sangra la noche.
Pronta está la alborada
para vestir la tierra
con su manto de luces.
No temas, mi niña,
pronta está la alborada.
Ya llega.
jueves, 3 de enero de 2008
¿Blanco o negro? (Zoolución)

miércoles, 2 de enero de 2008
martes, 1 de enero de 2008
Tres maneras de mirar un espejo
Primera
Mira de frente. Sin la menor vacilación mira de frente, con la obstinación de un dios. Mantén tu vista en tu vista sin parpadear, hinca la mirada hasta que veas en los iris de tus ojos reflejados el reflejo de tus ojos que reflejan en sus iris tus ojos que reflejan en sus iris tus ojos que reflejan tus ojos que reflejan tus ojos, tus ojos, tus ojos y así hasta que el infinito sea un amigo y no un vértigo, un universo o el lugar común de un mal poeta.
Segunda
Observa el cuarto a través de su reflejo. Hazlo con el borde de los ojos, concéntrate en mirar todo lo que hay alrededor de lo que mira el centro de tus ojos, a la vez y en todas las direcciones, los ojos fijos. No tengas miedo cuando descubras que tú ya no estás ahí, que el centro de tus ojos en realidad no sirve para nada, que la vida está en esa otra mirada y que las cosas no están tan quietas y muertas como disimulan cuando saben que las estamos viendo. De ahí a la genialidad o la locura, sólo te separarán cuatro sentidos.
Tercera
Mira el espejo. Ya no a ti ni a las cosas, abstráete de todo reflejo y piérdete en el cristal, comprende al fin que no sólo eres tú quien mira el espejo sino también él a ti, que sonríe de luz por haber atrapado tu imagen esos segundos en que vuelve a vivir, antes de que salgas del cuarto y lo mates una vez más porque, ahora lo ves claro, el reflejo de un espejo no existe si nadie lo ve. Una vez sepas esto, entenderás la única verdad: que todos, hombres y mujeres, somos espejos.













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